IES Auga da Laxe. Campo da Feira s/n. Gondomar. Tfno.: 986 360 501 Fax.: 986 360 576. ies.augadalaxe.gondomar@edu.xunta.es
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Última poesía española

 

WITHOUT YOU

Tan fácil olvidarte como que Abril no exista.

Tan fácil amainar,

en el panal de tul de los visillos,

la súbita fragancia de la noche

como atajar tu piel; como retrocederla

hasta el peldaño último del último recuerdo.

Sustraerme, tan fácil, de este anhelante gozo

al descubrir tu olor en el tabaco,

la pana, o la vainilla.

Aminorar, tan fácil, de mi sangre el incendio.

Tan fácil olvidarte.

Tan fácil impedir que los magnolios nieven.

 

 Ana Rossetti, Indicios vehementes, 1986

 

 

STELLA MATUTINA

 

                “Ad noctis hujus caliginem destruendam indeficiens

                 perseveret”.

                                                                     Pregón pascual

Pues mañana

no se abrirá en mi puerta la mañana,

ni acudirán tus pasos al filo de mi sueño,

ni se desprenderán de los ojales dóciles

botones nacarados,

ni indagará la prisa de tus dedos

más allá del embozo, pues mañana

no habrá en mi boca labios,

ramillete de menta, buenos días.

Ni mejilla adentrándose en mi escote,

ni llamas enroscándose en mis pechos,

ni presurosos besos, en tropel, por el alba,

ni tus brazos.

Pues en vano, mañana,

el metálico brillo de la última estrella

prorrogará su aviso en el cielo aún blanco.

Tú no vendrás mañana a despertarme.

 

Ana Rosseti, Yesterday, 1988

 

 

AUNQUE MUESTRES TUS CARTAS,

ofrezcas recompensas o te vengues;

aprendiz del halcón urdas tus cetrerías,

tiendas, como la araña, seducciones

o igual que la paloma envíes tus poemas,

llevas las de perder.

Bien que te lo advertí, niño desobediente.

Pero ¿por qué elegiste el fruto envenenado?

¿Por qué, di?

Ha irrumpido en tu reino el amor con su plaga

de fiebre y desventura

y ahora ya no hay remedio, mi corazón suicida:

estás muerto de muerte enamorada.

 

Ana Rossetti, Punto umbrío, 1995

 


¡Señorita, cervatillo,  mirto, hada,  estoy perdidamente

enamorado de  usted! ¡Cásese  conmigo  para que  yo

pueda  conciliar  el  sueño! Si duda  usted,  si  no está

segura de  que yo  sea  el caballero de  sus sueños, no

necesita  casarse  conmigo  al  contado,  puede  usted

hacerlo   en  cómodos   plazos   mensuales:  en  enero

obtendrá  mi mano  derecha, en  febrero  mi  nariz, en

marzo mis labios... ¡A finales de diciembre tendrá usted

mi cuerpo y mi alma completos! Y si usted se arrepiente

antes    de    que   se  consume   nuestro   matrimonio

fraccionado, en mayo o en  septiembre o  en  otro  mes

cualquiera,  no   estará   obligada   a   devolverme   las

porciones  de  mi cuerpo o de  mi espíritu  que  ya  sean

suyas: será usted la eterna dueña de unas manos firmes

y  suaves, de  una  pierna  masculina, de  unos  dientes

estropeados, de una melancolía perfecta...

 

Pedro Casariego, La vida puede ser una lata, 1987

 

 

PREGUNTA II

 

El hombre se detiene

En la esquina de la celda,

Parece que habla solo,

Pero no, hasta cuándo

Le ha preguntado a una araña.

La araña, de inmediato,

Se descuelga y baja

Por el hilo que larga,

Y parece que ese largo hilo es

La respuesta de la araña.

 

Joseba Sarrionandía, Viejos marinos, 1987

 

 

MI RETRATO A LÁPIZ

 

Soy  melancólica. Melómana. Trapecista  en  la  cuerda  de los

sueños y el arte. Cumplo con mi destino de guerrera. Canto lo

bello y  lo  perfecto. Bebo, fumo y snifo. Mi  mente  es  un  río

caudaloso que nadie  ha dominado. Soy  perversa, cruel  y me

bañan  las  lágrimas a  solas.  Adoro  la  justicia  y  los  bienes

perdidos. Bramo de odio en lo alto de las cumbres si no consigo

lo que busco. Esquizofrénica, locuaz e impertinente. Me gustan

los licores y las sedas. Amo el destierro, los bosques y la danza.

Mis aventuras escandalizan a los necios y con el dedo me gusta

tocar los labios de la noche. Idolatro la luz que expresa Kubrick

y el tormento  exquisito de Visconti. De    se dice que no me

harto de belleza y que bebo a destiempo de los cuerpos. Vomito

internamente  ante  lo vulgar y lo  ridículo y desgarro mi  pecho

ante lo feo. Me gozo en soledad como un diamante y brillo entre

celajes  como  nutria.  De  niña coleccionaba  tréboles y olores,

insectos  y lecturas. Nunca  mi  espada  está  enfundada  y  he

aprendido  el  arte  de la esgrima.  Me gustan las  hierbas  y  la

magia y  busco  el grial para  mi amo. Soy  heroica, altanera  y

distraída. Me  cobijo  en mansiones de  alquiler y  no obedezco

leyes ni  partidos. Me  gustan los vaqueros y  las pieles, el  lino

y los trajes ajustados. Mido uno sesenta de  estatura y ochenta

mal  contados  de  busto  confidente. El  tacto  de  la  nieve me

enloquece, el  gusto de las fresas me subyuga, oír  a  Bach me

iza y me conmueve, oler a piel me excita doblemente;  ver una

toma  en treinta  y cinco de  Murnau me  hace comprender qué

es la  poesía. Como  el  Vesubio, expulso  lava incandescente al

recordar la  Italia. Llevo  siempre carmín  rojísimo en  los labios

y altos zapatos de tacón granate. Tengo arrebatos de amor hacia

cualquiera y el sexo para mí es una concha.

     ¡Y me gusta jugar a lo que sea!

 

Isla Correyero, Cráter, 1984

 


 

Tu corazón, cerrado por reformas,

vagando va en la música

sin querer contestarme.

 

Forajido de siempre no resiste

convivir bajo el reino

metal de las palabras.

 

La mirada que trajo conocía

ese dolor errante

de los barcos nocturnos.

 

Se convirtió en testigo por decirme

las dudas de mis ojos

y la canción que esconden.

 

Es silencio, silencio sin embargo,

vacío encadenado

al rayo de la luna.

 

¿Qué camino sin cruces, sin kilómetros,

sabrá llevarme a él?

¿Dónde puedo encontrarlo?

 

Luis García Montero, Diario cómplice, 1987

 

 

PRIMER DÍA DE VACACIONES

 

Nadaba yo en el mar y era muy tarde,

justo en ese momento

en que las luces flotan como brasas

de una hoguera rendida

y en el agua se queman las preguntas,

los silencios extraños.

 

Había decidido nadar hasta la boya

roja, la que se esconde como el sol

al otro lado de las barcas.

 

Muy lejos de la orilla,

solitario y perdido en el crepúsculo,

me adentraba en el mar

sintiendo la inquietud que me conmueve

al adentrarme en un poema

o en una noche larga de amor desconocido.

 

Y de pronto la vi sobre las aguas.

Una mujer mayor,

de cansada belleza

y el pelo blanco recogido,

se me acercó nadando

con brazadas serenas.

Parecía venir del horizonte.

 

Al cruzarse conmigo,

se detuvo un momento y me miró a los ojos:

no he venido a buscarte,

no eres tú todavía.

 

Me despertó el tumulto del mercado

y el ruido de una moto

que cruzaba la calle con desesperación.

Era media mañana,

el cielo estaba limpio y parecía

una bandera viva

en el mástil de agosto.

Bajé a desayunar a la terraza

del paseo marítimo

y contemplé el bullicio de la gente,

el mar como una balsa,

los cuerpos bajo el sol.

 

                                  En el periódico

el nombre del ahogado no era el mío.

 

Luis García Montero, Habitaciones separadas, 1994

 

 

A ALTAS HORAS

 

   En esta noche de noviembre y frío,

inacabable, porque el sueño tarda,

muy avanzada ya la madrugada,

a los cuarenta años   de mi vida,

quiero dejarme de literaturas

para contar al fin lo que me importa.

 

  Quedarme sin tabaco, qué fastidio.

 

Fernando Ortiz, Recado de escribir

 

 

PAINT  IT  BLACK

 

Días malos. Días

en los que nada sale bien.

En los que ves colmillos en las fauces

de la gente que dice que te quiere.

En los que el sol es un arma arrojadiza

o la lluvia una descarga de vinagre.

En los que mejor te metes en la cama.

Rocías de azufre tu portal. Rezas

para que los perros no lleguen a tu puerta.

 

Roger Wolfe, Hablando de pintura con un ciego, 1993

 

 

EAU DE PARFUM

De la infancia, el olor
del musgo en las acequias, del barro, de las moras
y la extrema violencia de aprenderse.

Del mar, la última nota
de la última ola desplegada
antes de regresar y convencernos
de que no habrá sirenas.

De la noche, las leves veladuras
de un perfume italiano
todavía de moda.

De tu cuerpo, el aroma
de libro de aventuras
vuelto a leer; pero también de adelfas
desoladas y ardiendo.

Huele a vida quemada.


Aurora Luque, Problemas de doblaje, 1990

 

INSOMNIO

 

La noche desemboca su latido

en un río de noches caudalosas.

Turbio y efervescente,

un minuto es afluente de un minuto.

Aceptas el insomnio como un libro

de páginas sin fondo cuyas letras

resbalan hacia fosas submarinas.

Qué atrocidad vivir, qué enloquecido

temblar en los rincones de las horas.

 

Si la muerte tuviera guardarropa,

dejaría los guantes del lenguaje

para frotar la nada con los dedos.

 

Aurora Luque, Carpe Noctem, 1994     

 

 

DESOLACIÓN DE LA SIRENA

 

Sirena. Las sirenas. La palabra sirena.

Cómo se desmoronan

las palabras radiantes, portadoras

de gérmenes de mito.

Escuchó a las sirenas. Escucho una sirena.

Sólo queda en las sílabas

un eco atroz de alarma

y el ruido de la muerte.

 

¿Será una enfermedad

mortal la del lenguaje?

 

Aurora Luque, Carpe Noctem, 1994     

 


 

Jugando a las baldosas,

si piso tres rondaré su casa,

si no, me quedo en la mía.

 

Ya no hay metro y estoy acatarrada,

pero abro el armario para buscar el jersey más lindo.

Quién sabe, a lo mejor me lo encuentro en el descansillo

           esperándome...

 

Jugando a las baldosas,

como no he pisado tres sino cuatro,

hago trampa.

 

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Señor,

la lluvia del domingo

es una inmensa bañera

que me sumerge a cámara lenta

en el telón espumoso de sus rizos del sábado.

 

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La ventana me remite a su coche,

el coche al beso,

el beso a la oreja que anda siempre perdiendo pendientes,

la oreja a la boca,

la boca a las medias porque las rompe,

las medias al...

—¿Tienes un bolígrafo de más?

—Toma, y a ver si dejas de pedirme cosas,

que contigo al lado no hay quien coja un apunte,

          Mari Carmen.

 

Almudena Guzmán, Usted, 1986

 


Y bien,

decidme qué hago ahora,

azaleas:

os tiro por la ventana,

me tiro yo

o bajo al mercado que no hay nada para cenar

ni pensamiento alguno que desate,

siquiera afloje,

el nudo marinero del estómago.

 

Si crecer es esta broma de mal gusto

ríase el tiempo y pase pronto,

tan pronto que mañana me despierte jubilada

en un banco cara al sol.

 

Que la vida no me tenga en cuenta.

 

Y yo a ella tampoco.

 

Almudena Guzmán, Calendario, 1998

 


Entonces

era un tiempo cuajado de crepúsculos.

 

Eran la voz del mar

y el corazón

ungidos por la fiebre.

                               Era

el beso purísimo del miedo

era el olvido

 

 

y la noche era un agua

                                sedienta.

 

Ada Salas, Variaciones en blanco, 1994

 


Árido mar.

 

Apacienta

la sed

 

de mi silencio.

 

Ada Salas, Variaciones en blanco, 1994

 


 

Las palabras que dije ya no

me significan. No sabía que a todo

le sucede lo mismo

y que mueren de tiempo

también

las palabras. O seré yo

tal vez. O seremos lo mismo.

 

Un oscuro temblor donde resuena

lejos

 

lo vivido.

 

Ada Salas, Lugar de la derrota, 2003

 

 

LAS EXPERIENCIAS ENGAÑAN

 

   Tan esperanzador como uno de esos días en que la

primavera emite algún avance en pleno invierno.

 

   Tan falso como los políticos para los que lo prometido

nunca es deuda sino duda.

 

   Embriagador como vino oloroso que dibuja en la frente

ese punto de luz que nos eleva.

 

   Tan pérfido como esos periodistas que ansían exclusivas

y no dejan que se las estropee la verdad.

 

   Ingenuo como las ancianas que le ruegan a Dios el canje

de sus vidas por la salud de un niño que agoniza.

 

   Tan masoquista como leer Finnegans Wake en una noche

de verano.

 

   Tan humillante a veces como tarde perdida en la cola

del paro.

 

   Tan caprichoso como un juego de palabras (un

desprendimiento de rutina que primero te ciega y que

después te ciénaga).

 

   Insospechado sospechoso terco animal despiadado

imprescindible usurero bendito hijodeputa.

 

   Con él no valen experiencias porque todas engañan

dictando cobardía.

 

   Es el amor.

 

   Quien lo perdió, lo sabe.

 

Juan Bonilla, Partes de guerra, 1994

 

 

EPITAFIO DEL ENAMORADO

 

Si alguien quiere escribir mi biografía

no hay nada más sencillo.

Dispone de dos fechas solamente:

la del día en que te conocí

y la del que te fuiste.

Entre una y otra transcurrió mi vida.

Lo que ocurriera antes, lo olvidé.

Lo que suceda ya, carece de importancia.

 

Juan Bonilla, El Belvedere, 2002

 

 

FÁBULA DEL TIEMPO

 

Seguramente, si lo piensas,

estos años no van a repetirse.

Vivirás su carencia irremediable,

se llenará de sombras tu mirada,

te habitará el vacío y, con el tiempo,

se destruirá tu imagen del espejo.

 

Y esperarás cansado, te aseguran,

muchas tardes morir en tu ventana,

buscando en la memoria

ese tiempo feliz, siempre perdido,

esa estación dorada que tuviste

y que debe ser ésta, más o menos.

 

Luis Muñoz, Septiembre, 1991

 

 

IMAGINERÍA

 

Charlando en un café,

ajenos al murmullo de otras mesas,

al trajín de las tazas, a la entrada de tipos

que dejan los abrigos juntos a ellos.

Con los ojos clavados uno en otro,

una chispa airosa en la sonrisa,

un resplandor muy dulce,

en las nubes de una combustión:

ningún amor se entiende desde fuera,

ninguno.

 

Luis Muñoz , Manzanas amarillas, 1995

 

 

LAS ESQUINAS

 

Anochece,

y el sol es una bola de billar

rodando hacia una esquina de lo oscuro.

 

No es fácil de entender,

pero la realidad esconde siempre

distintas realidades,

más esquinas.

 

Cierro los ojos. Puedo ver el sol.

La vida es sólo un juego del revés.

 

Josep M. Rodríguez, Frío, 2002

 

 

LAS NUBES

 

Miro las nubes,

nubes como de anuncio  de dentífrico,

y el sol

mostrando la arrogancia

de un gran diente de oro.

 

Es la boca del día,

que mastica mi tiempo de hacer nada

tumbado en esta hamaca

que es ahora la vida.

 

La sonrisa del cielo son las nubes.

Es verano y no dejo de mirarlas

consciente de que en más de una ocasión,

aunque no lo recuerde,

he dejado escapar tanta belleza.

 

La sonrisa del cielo son las nubes.

Existe un cementerio en su memoria.

 

Josep M. Rodríguez, Frío, 2002

 

 

LAS CALLES

 

Amanece.

Las madres con sus hijos, camino de la escuela,

esbozan la sonrisa que quisieran que fuese

para el resto del día. Alguno que sonríe

 

cree que te conoce. Como si no existieras,

un fulgor meridiano te sorprende desnudo

a la hora del almuerzo en la calle desierta.

No llegarás a casa aún, hasta la noche.

 

Sensibles a luz, el guiño iluminado

de los escaparates del día que ya muere

pretende que te quedes a su lado.

Recibes algo de calor, te dices.

 

La lluvia, ya de noche, hace acto de presencia

-los astros por el suelo, en un charco la luna-,

roza alguien a tu lado, te mira con sus ojos.

Y no es ella.

 

Juan Antonio Bernier, La costa de los sueños, 1998

 

(EL JARDINERO)

 

Aprendí con mi abuelo a plantar árboles.

Los sauces necesitan

beber más agua, Andrés, que tú o yo,

y sus raíces

no deben, al principio, ser demasiado hondas;

en ocasiones crecen muy deprisa

y otras veces quisieran estancarse

en la tierra, temerosos del aire.

 

 

Hoy no existe ni abuelo ni país

ni tampoco ese niño, pero queda

aquel sauce encorvado al que –me digo-

Andrés, hay que cuidar,

estas raíces frágiles,

este miedo a la altura de la vida.

 

Andrés Neuman, El tobogán, 2002

 

 

CAFÉ LUXEMBOURG

 

El parque ya ha agotado las escasas

monedas que dejó el otoño. Pronto

la hojarasca será sólo un recuerdo,

el día un breve descanso

entre una noche y otra noche.

Ya se ha desvanecido la ebriedad de las palabras

con que recibimos la tarde,

aquí mismo, con un café

y el recuerdo de otras ciudades.

Tan sólo queda la melancolía.

Sé que será inútil intentar

no entristecerse ahora,

pero también que será breve,

que, como todo, la tristeza es pasajera.

Contemplo cómo pasa la gente

del otro lado del cristal,

invento sus historias, juego ¾sintiéndome

por un momento dios¾

con sus inútiles vidas.

 

Un  hombre barre las hojas.

Como el de nuestras vidas,

su oficio es un vano intento

de borrar el pasado;

el resultado, tan sólo

haber facilitado el camino al invierno.

 

Martín López-Vega, Travesías, 1996

 


Esta mañana supe

mi extraña rendición a tus palabras,

mi irrevocable voluntad de náufrago

de sílabas,

de filóloga ahorcada en complementos

directos o indirectos

pero tuyos.

 

Esta mañana supe

que me visto en tus verbos,

desayuno tu nombre

y me quedo perdida, como tonta,

si me encuentro algún “no”

camino de la tarde,

camino de la noche.

 

Esta mañana supe

que muy frecuentemente

me vuelvo monosílabo

de sombra

agarrado al tobillo de tus frases,

que muy frecuentemente

quisiera ser prendida en tu nevera

como “nota importante”.

 

Esta mañana comprendí, aturdida.

Esta mañana supe, por fin vi

que me confundo en viento

cuando gritas mi nombre

y que basta un susurro,

un susurro de nada,

para dormirme en ti.

 

Vanesa Pérez-Sauquillo, Estrellas por la alfombra, 2001

 

  

LA TRAMPA DEL TELÉFONO

 

            Caía fatalmente en la trampa del teléfono

                           que como un abismo atrae a los objetos que lo rodean.

 

                                                                        Nicanor Parra

 

Éste es mi contestador automático.

Para herir, simplemente, marque 1.

Para contar mentiras que me crea, marque 2.

Para las confesiones trasnochadas, marque 4.

Para interpretaciones literarias producto del alcohol, marque 6.

Para poemas, marque almohadilla.

Para cortar definitivamente la comunicación,

no marque nada, pero tampoco cuelgue,

titubee en el teléfono (a ser posible durante varios meses)

hasta que note que voy abandonando el aparato

a intervalos de tiempo cada vez más largos.

No desespere. Aguante.

Espere a que sea yo la que se rinda.

Le evitará cualquier remordimiento.

Gracias.

 

Vanesa Pérez-Sauquillo, Bajo la lluvia equivocada, 2006

 

 

DEFINICIÓN

 

Si digo que a menudo te veo en las paredes

como una sombra mía, pegada a mis zapatos,

o más clara o más libre,

no te sería extraño.

Incluso si dijera

que anoche los espejos

guardaban secretamente tu rostro

y los pájaros nocturnos

dibujaban tu nombre bajo un brillo de farolas,

no arquearías las cejas,

no abrirías la boca

más que para esbozar una sonrisa:

dícese de aquel eco de destellos de mar,

espejismo de un día en el que todo fue hallazgo.

Si recién levantada se me antoja

sentirte agazapado

en algún recoveco de mi cuerpo;

si recién acostada a veces oigo

tus músculos tensándose dentro de mi armario;

si siempre o casi siempre parece que te añades

a los soplos vitales de las cosas,

es solo eso,

es todo,

es la definición del diccionario:

AMOR

sentimiento afectivo por el cual busca el ánimo

el bien ¾real o no¾

y apetece gozarlo.

 

Esther Giménez, Mar de Pafos, 2000

 

 

FATIGA

 

Hay demasiadas cosas

de las que preocuparse,

siempre distintas, siempre imprescindibles,

y nunca se termina,

y apenas se respira... Y además

está el muchacho que jamás nos mira,

la chica que no sabe que la amamos

y Platón predicando represiones...

Y a esto le llaman vida...

 

Carmen Jodra Davó, Las moras agraces, 1999

 

 

DÍAS DE TREINTA GRADOS

 

Es verano por fin. Por la mañana,

los jardines en flor, recién regados,

cantan su exuberante vida y sana

            en mil aromas vagos.

 

Es verano por fin. A mediodía,

el sol hace empaparse nuestras sienes

de sudor animal, y una alegría

            salvaje nos enciende.

 

Es verano por fin. Al caer la tarde,

un brillo anaranjado el aire tiene.

Arde una rosa, y la mejilla arde

            de un bello adolescente.

 

Es verano por fin. Y por la noche,

una brisa estelar refresca el mundo,

y no hay lugar para ningún reproche.

Es verano por fin. ¡Que dure mucho!

    

Carmen Jodra Davó, Las moras agraces, 1999

 

 

MI PRIMER BIKINI

 

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.

 

Lo sé porque mis dedos

se transforman en lápices de colores.

Lo sé porque con ellos

dibujo en las paredes de tu casa

mujeres con rostro de epitafio.

 

Porque, a la caricia de la punta,

comienza el derrame de los cimientos

formando arco iris en la noche.

Porque, al escribir testamentos

en el suelo, se remueven las vísceras

de azúcar, y trepan tus raíces.

 

Grabo versos de colores fríos

en tu piel, de arquitrabe a basa,

y les llueve y los diluye, y compruebo

que la lluvia suena como hacen al caer

las canicas brillantes y naranjas

que cambiaba en el patio del recreo,

poco antes de calzar mi primer bikini.

 

Hoy guardo las canicas, como un apagado

tesoro, en los huecos de otras espaldas.

 

Pinto también en la terraza de enfrente

un jardín de lápidas cálidas y hermosas.

Trazo como una medusa de bronce,

un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo

el valle diminuto que proclama que es frágil

y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

  

Elena Medel, Mi primer bikini, 2002